Los new radicals

Por Julio Burdman


Los new radicals, más propositivos que sus contrapartes del PRO, aparecieron para oxigenar al centenario partido y ahora enfrentan el desafío de persistir.


Por unos pocos puntitos en el balotaje porteño, la política nacional argentina no dio un viraje importante. Imaginemos. Sin expansión nacional y sin la CABA, el PRO se hubiera visto confinado a un Congreso que nunca le interesó demasiado. La candidatura de Mauricio Macri hubiera experimentado un golpe demoledor. Y con Martín Lousteau como jefe de Gobierno electo, se hubiera puesto en evidencia un fenómeno relativamente novedoso y aún discreto: el radicalismo, un partido desde hace tiempo caracterizado por el alto promedio de edad de sus dirigentes y militantes –y demasiados varones, cabe agregar–, hoy cuenta con una camada de dirigentes jóvenes para gobernar. O de “generación intermedia”, se hubiera dicho en otra época.


Hace algunos años, cuando Twitter crecía con proyección geométrica, no había ningún líder radical con más de dos mil seguidores en esta red social. Mientras tanto, circulaba con ironía por esa misma red la foto de una reunión en un comité, sacada desde el fondo, en la que solo se veían bochas calvas y canas. Tal vez con esas imágenes en mente, Carlos Pagni escribe en su columna del último lunes 20 que Lousteau “corresponde al canon estético del oficialismo porteño”. ¿Eso sigue siendo así?


En los últimos años, los radicales salieron a cazar nuevos dirigentes afuera del zoológico, con formación y renombre profesional. Y les ofrecieron las candidaturas más importantes. A Lousteau le pusieron todo a disposición para la Ciudad, a Lucas Llach la candidatura de vicepresidente, a Facundo Manes diferentes lugares que declinó para esta oportunidad pero con un precompromiso para estar en las elecciones que vienen. Todos ellos y más, junto a Luis Naidenoff, Ramón Mestre y otros nombres de similar edad, pero con cursus honorum partidario, van a ser los nuevos radicales que confrontarán con el peronismo de los próximos cuatro años.


El peronismo, el partido que lidera las proyecciones electorales, en este campo fue el que primereó. Uno de los legados del kirchnerismo es haber impulsado una amplia camada de dirigentes de alrededor de cuarenta años, con centro en La Cámpora. Trasvasamiento generacional. Y el PRO parecía ser el espacio que hacía lo mismo en la oposición. Es indudable que algo hizo: muchos de los que ocupan posiciones en las listas legislativas y el Gobierno de la Ciudad tienen esas edades.


Pero las percepciones dominan sobre los hechos, y hoy ese proceso de incorporación juvenil macrista perdió momentum a manos de otro trasvasamiento: el headhunting de mediáticos y populares. La llegada de los Lousteau, los Manes, los Costa o los Llach, parecería ser una respuesta a la de los Del Sel, los Coneja Baldassi, los Mac Allister o los De Angeli. Una competencia intraopositora de contenido. El macrismo invirtió tiempo y recursos en acercar a estas figuras conocidas que aportaban conocimiento, que es una parte relevante de todo proyecto electoral. Sería desproporcionado, es cierto, decir que todo lo que hizo el macrismo durante los últimos años fue la incorporación de los mediáticos. Pero ellos se convirtieron en la punta de lanza del proyecto partidario más allá de la General Paz y, por ende, representan algo importante. El PRO recibió votos gracias a ellos. Pero también críticas, y muchas. Ninguno de ellos logró hacer un aporte programático relevante al PRO, y los propios macristas se excusan diciendo que lo sustantivo son los “equipos” que vienen detrás. Contribuyeron en gran medida a consolidar la idea, bastante extendida, de que el macrismo es un proyecto superficial. Y a diluir aquél canon estético del que hablaba Pagni.


En cambio, y más allá de las ideologías y gustos personales, es indudable que los new radicals hacen aportes en el plano propositivo. Son pocos, y muy concentrados en la cúpula. Falta militancia. Pero profesan un liberalismo político, económico y social más consistente. Elevan el debate. Ahora, el desafío de ellos es perdurar. No habiendo ganado la Capital, van a tener que encontrar la forma de hacer política desde el llano, e insertándose en los gobiernos subnacionales –incluyendo los municipales- del radicalismo. Y rezar por Sanz, porque hay muchos otros que los miran de reojo.


Publicado en El Estadista el 18 de julio de 2015. Versión publicada aquí.