Mosaico porteño

Por Julio Burdman


El peronismo antikirchnerista no logra hacer pie en la ciudad.


Un dato aparentemente irrelevante, pero aun así sugestivo, es precisamente la total irrelevancia del peronismo antikirchnerista bonaerense en la ciudad de Buenos Aires. En elecciones recientes, las listas que llevaban como candidato a Julio Bárbaro o Jorge Todesca, respaldadas por Francisco De Narváez y Eduardo Duhalde, no llegaron al 1%. Y ahora otra vez, el Frente Renovador de Sergio Massa, que hereda ese espacio y está bien posicionado para las elecciones de gobernador en la provincia que rodea la Capital y reúne el 40% de los votos argentinos, repite la historia. Massa no puede armar una oferta viable para los porteños: su candidato, el economista e internacionalista Guillermo Nielsen, no estaría pasando de las PASO a la general.


La hipótesis de que Sergio Massa no pisa el terreno porteño porque tiene un acuerdo con Mauricio Macri, que prevalecía en 2013, ya perdió toda factibilidad. Ellos compiten en todo el país, y en sus respectivos distritos: Macri hizo cruzar la General Paz a su vicejefa, María Eugenia Vidal, y Massa se empecinó con la idea del candidato economista que critique los aumentos macristas de impuestos y gasto público, llegando a Nielsen después de tener que descartar sucesivamente a Roberto Lavagna y Martín Redrado. Si hoy el Frente Renovador está a punto de quedarse afuera a solo veinte minutos de su municipio de nacimiento, es porque no hay espacio en la ciudad para una variante peronista, y menos si huele a provincia. Aún con un candidato poco peronista y poco bonaerense como Nielsen.


El peronismo nacional, también conocido como kirchnerismo, logró en la ciudad una identidad superadora: absorbió al electorado progresista porteño, ese que habita a lo largo de toda la avenida Rivadavia y sus manzanas colindantes. Los análisis en base a encuestas o de inferencia ecológica por mesa muestran una clarísima continuidad de voto entre las pasadas candidaturas de Aníbal Ibarra y Daniel Filmus, y el núcleo del actual Frente para la Victoria. A nivel de la dirigencia, esta fusión que se venía insinuando desde hace algunas elecciones fue finalmente formalizada gracias a las PASO, que permitieron sumar a todas las variantes peronprogresistas bajo un solo lema, que después votarán seguramente al ganador. Que será Mariano Recalde, porque es el candidato de la Presidenta y, además, por estar mejor organizado: sus aliados contendientes del progresismo van divididos en múltiples opciones –Gabriela Cerruti, Carlos Heller, Aníbal Ibarra–, sin verdadera intención de desafiarlo. Con intención, más bien, de ayudarlo a quedar segundo en una elección que podría terminar en balotaje.


La fusión peronprogresista tal vez no permita ganar elecciones en la CABA, donde el PRO parece invencible, pero le proporcionan al oficialismo una base estable de votos que son importantes en una aritmética nacional en la que no sobra nada. Otra cuestión a analizar es cuánto influyó y sigue influyendo en la identidad ideológica kirchnerista su alianza con el progresismo porteño, ese hijo favorito a pesar de que, en general, da pocas satisfacciones. Aunque en este caso, la fusión no está saliendo mal.


Lo que falta en el mosaico porteño es entender qué es lo que verdaderamente está ocurriendo en el PRO. Un focus group realizado en un café con politólogos arrojó el resultado de que ninguno cree que la competencia Horacio Rodríguez Larreta–Gabriela Michetti se trate de un enfrentamiento real. Predomina la tesis del astuto engaño diseñado por Durán Barba para oxigenar al partido y ocupar el espacio electoral. Sin embargo, la información sugiere que se trata de una trama real, por absurda que parezca.


Ante la incertidumbre de las PASO, Macri prefería a Rodríguez Larreta y los operadores del PRO preferían un candidato único –a estos últimos, cabe aclarar, les daba lo mismo Rodríguez Larreta o Michetti. O aún Vidal, pero que sea sólo uno. El razonamiento es el siguiente: Rodríguez Larreta y Michetti van a dividir el voto del PRO en dos, sin necesariamente sumar nuevos votantes a la interna, y la consecuencia será una elección fragmentada. Macri no sólo apoya a Rodríguez Larreta para vencer a Michetti, sino para que al menos uno de los suyos supere el 25% en las primarias de abril, y cuente con un piso sólido para seguir creciendo con miras a las generales. El problema es que, si a ello le sumamos una confrontación interna que podría significar que algunos votos de Michetti vayan a Martín Lousteau o aun Recalde en la general, ponen en riesgo la continuidad del PRO en unos comicios que van hacia los tres turnos de votación.


Publicado en El Estadista el 14 de abril de 2015. Versión publicada aquí.