PRO, ¿el segundo partido?

Por Julio Burdman


La consolidación en Santa Fe y la primaria en la CABA muestran una creciente estructura política.


Se desgrana el FAUnen y el PRO fisuró el barrerón. Las encuestas a nivel nacional realizadas de los últimos meses (desde diciembre de 2014, al menos) arrojan un dato novedoso: al preguntar a los consultados por intención de voto en las primarias presidenciales de agosto, pero por partido o frente electoral (es decir, Frente para la Victoria – Partido Justicialista, Unen-UCR, PRO, Frente Renovador, etcétera), el PRO aparece, detrás del peronismo, como la segunda fuerza preferida. Y con niveles considerables de respuesta. No hablamos de Macri, del precandidato personal Macri, sino del partido que fundó hace diez años y que ahora, después de largas, costosas y amarillas campañas de comunicación, se hizo finalmente conocido en todo el país.


El oficialismo sigue constante. De hecho, uno de los principales sustentos numéricos de la tesis del persistente piso o núcleo duro peronista, son las encuestas que mes a mes sostienen que un tercio del electorado votará por el FpV-PJ, y ello da a lugar a pensar que lo harían sea quien fuere su candidato. Ello es lo que mantiene a todos los diversos precandidatos kirchneristas en carrera, aún cuando haya uno que aparezca liderando.


Lo nuevo, decíamos, es la marca PRO, que dejó de ser porteña y hoy es nacional. Fuertemente asociada, claro está, a la figura de Mauricio Macri. Pero no ocurre lo mismo con el Frente Renovador: un segmento considerable piensa votar por Massa pero al preguntar por partido, muy pocos dicen hacerlo por el Frente Renovador. Gran problema para los candidatos provinciales massistas. En suma: el FpV tiene la marca sin candidato definido, el FR tiene el candidato sin la marca, y el PRO tiene candidato y marca felizmente correlacionados.


Esto es una gran oportunidad para el PRO. Hasta hace algunos años, si Macri no era candidato, el PRO se desempeñaba pobremente aún en la Capital (Carlos Melconian salió cuarto poco después de un triunfo de Macri). No quiere decir que, con solo eso, hoy se haya convertido en el segundo partido nacional. De hecho, ahora el PRO tiene candidato y tiene marca, pero nada más. Falta el contenido, Fuera de la Capital y partes de su conurbano, como partido solo tiene algunos asentamientos provinciales excepcionales. Por cantidad de dirigentes, afiliaciones, cargos electivos y locales partidarios semiabiertos, el saber convencional sigue diciendo que el radicalismo es el segundo partido nacional. Sin embargo, sus bases son débiles, y el PRO, con alguna serie de buenas elecciones nacionales podría competir por la categoría.


Por esa razón, el acuerdo con Carlos Reutemann es importante para el PRO. El gran aporte que puede hacer el ex automovilista al macrismo no está en la “pata peronista” –eso hoy no le suma demasiado- sino en la ayuda que podría brindarle al actor cómico carente de experiencia gubernamental Miguel Del Sel, quien así queda seriamente posicionado para competir por la gobernación de Santa Fe. Razón por la cual Binner abandona la competencia presidencial y se postula como candidato legislativo, para fortalecer la oferta santafesina del Frente Progresista encabezada por Miguel Liftschitz y evitar la derrota provincial.


Ganar un segundo distrito provincial, sumado a la posibilidad de realizar una verdadera primaria en la ciudad de Buenos Aires, gracias a la postulación de Gabriela Michetti, son hoy los dos caminos que facilitan la graduación del PRO como partido político de verdad. Los macristas que hoy ven con preocupación la “desobediencia” de Michetti (si es que realmente está desobedeciendo), no están sopesando correctamente los enormes beneficios que conlleva la competencia interna y la gestación de liderazgos genuinos para la consolidación de la fuerza política. La competencia Macri (Larreta) – Michetti es lo segundo mejor que le pasó al macrismo en lo que va del año, después de haber cerrado filas en Santa Fe. Lo tercero son estas encuestas que dicen que la marca PRO se nacionalizó. Un año a pura suerte. Ahora, el gran desafío es llenar esas listas con candidatos potables. Ya no es tan necesario, como creían y decían años atrás, inventar figuras mediáticas para arrastrar votos de cualquier forma. En 2015, muchos van a poner la boleta PRO por sí misma. Veremos, entonces, qué tanto aprovecha la dirigencia macrista este nuevo alineamiento planetario.


Publicado en El Estadista el 12 de marzo de 2015. Versión publicada aquí.